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Entradas

El borrachito de agua fría

A la parte de la Calzada que, partiendo de la Alameda, conduce al Agua Azul, frente al templo de San Juan de Dios, de la calle ancha hacia el sur, se le conocía con el vulgarísimo nombre de la “Agua Fría” y donde estaba establecida una cantina denominada “La puerta del Sol” y una serie de galleras, y allá por los años de 1830 a 1850 y tantos, había un célebre garito bautizado con el pomposo nombre de “ Taberna del Agua Fría” y al que concurrían los más esclarecidos hijos de Baco, a desvalijar, en criminal consorcio, a todo aquel que, novicio en el arte de la vida juerga, se atrevía a poner los píes en ese antro de vicio y disipación sin medida. Una de tantas mañanas en el holgorio de los asiduos asistentes estaban en su máximum, porque se trataba nada menos que de una interesante partida de dados en que figuraba como apuesta la camisa de un parroquiana y la cobija de otro, entonces apareció allí un nuevo cliente que sin etiqueta alguna tomó asiento en uno de los desvencijad...

De Juan Panadero al Internet

Entre los numerosos periódicos tapatíos del siglo XIX destaca el “Juan Panadero”, fundado por el presbítero Felipe de Jesús Pedroza en el año 1871. Atrapado por su lema “por la razón o la fuerza”, este “Juan Panadero” ocupó un lugar preponderante en la prensa independiente de Guadalajara.  Sus fines inmediatos eran propagar la candidatura del general Porfirio Díaz a la Presidencia de la República, oponerse a la reelección de Benito Juárez y combatir al gobernador del Estado Ignacio Luis Vallarta, así como al jefe de la Cuarta División Militar, general Ramón Corona. Fue “Juan Panadero”  el que en una ocasión publicó que “Don Nacho”, es decir, el gobernador Vallarta, era una “perra lángara”, porque pretendía cobrarles a los habitantes de Huejuquilla, en el extremo Norte del Estado, los impuestos atrasados de varios años, que no habían podido pagar porque estaban invadidos por el caudillo nayarita Manuel Lozada. Actualmente, en los tiempos de Internet, la libertad de ...

Un Santuario para Guadalupe

Corría el año de 1771, cuando el rey en turno, Carlos III, dispuso que el dominico Fray Antonio Alcalde tomara posesión de la diócesis de Galicia, hasta entonces vacante, que abarcaba el actual territorio de los estados de Jalisco, Colima, Zacatecas, Aguascalientes, San Luis Potosí, Nuevo León, Coahuila, Tepic, Texas y Louisiana. Así, el fraile abandonó Mérida para ocupar su nueva sede episcopal el 19 de agosto de ese mismo año y el 12 de diciembre hizo su entrada solemne en la ciudad de Guadalajara. Al llegar, pudo percatarse de que no existía ningún templo dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe, a excepción de la capilla anexa a San Sebastián de Analco y, como se consideraba devoto de esta advocación, decidió iniciar la construcción de un Santuario en su honor en 1777, mismo que fue terminado cuatro años más tarde. La imagen que corona el Santuario Guadalupano en Guadalajara fue pintada por José de Alcíbar en 1774 en la Ciudad de México y tocada al original el 5 de octubr...

La Virgen de Guadalupe contra Tonantzin

En el Cerro del Tepeyac, donde se alza la Basílica de Guadalupe y es lugar de adoración de la “Patrona de México”, los indígenas mesoamericanos tenían un centro de devoción dedicado a la diosa Tonantzin, que quiere decir “nuestra madrecita”, ¿les suena familiar?.  Tonantzin para los mexicas, era la madre de todo lo que existe, de los hombres y, lo más importante, parte de la pareja divina que creó al mundo y a todos los seres vivos. Las deidades femeninas tenían una fuerte presencia y un santuario particular donde se les veneraba. Acorde con datos religiosos, se dice que el indio Juan Diego narra que la Virgen de Guadalupe se le había aparecido en tres ocasiones (del 9 al 12 de diciembre de 1531), se refirió a ella en náhuatl como Tonantzin y al lugar de las visiones como Tonantzintla, que se traduce como el “lugar de nuestra madrecita”. Las imágenes de Tonantzin que tenemos son dos polos opuestos, pero complementarios, así como todo en la religión mesoamericana, pues una de ellas ...

Ladrón de sábado

Gabriel García Márquez Hugo, un ladrón que sólo roba los fines de semana, entra en una casa un sábado por la noche. Ana, la dueña, una treintañera guapa e insomne empedernida, lo descubre in fraganti. Amenazada con la pistola, la mujer le entrega todas las joyas y cosas de valor, y le pide que no se acerque a Pauli, su niña de tres años. Sin embargo, la niña lo ve, y él la conquista con algunos trucos de magia. Hugo piensa: «¿Por qué irse tan pronto, si se está tan bien aquí?» Podría quedarse todo el fin de semana y gozar plenamente la situación, pues el marido -lo sabe porque los ha espiado- no regresa de su viaje de negocios hasta el domingo en la noche. El ladrón no lo piensa mucho: se pone los pantalones del señor de la casa y le pide a Ana que cocine para él, que saque el vino de la cava y que ponga algo de música para cenar, porque sin música no puede vivir. A Ana, preocupada por Pauli, mientras prepara la cena se le ocurre algo para sacar al tipo de su casa. Pero no puede hacer ...

José de Leon Toral, asesino de Álvaro Obregón

Durante unos segundos ambos se miraron. José de León Toral se acercó al presidente electo Álvaro Obregón y le entregó con esa mano huesuda un dibujo a lápiz de su perfil. Obregón, que no traía el saco abrochado, por obvias razones, cogió el papel con el brazo izquierdo, -el derecho le había sido amputado-, y risueño, entre irónico y sorprendido por el bosquejo le dijo: “no me parezco”. Fueron sus últimas palabras antes de recibir un balazo en el rostro. José de León Toral tenía 28 años y había vívido tiempos de angustia que sólo sofocaba el deporte. De pequeño hizo gimnasia, box, basquetbol y esgrima. Pero el futbol le apasionaba. Quizá lo único que superaba esa exaltación era su fervor religioso. Se decidió a matar a Obregón, que volvería a la silla presidencial, aunque fuera la ley Calles la que desató la Guerra Cristera. En los interrogatorios reconoció su pasado: “Entré al Club Centro Unión en 1918 para jugar futbol”. No era otro que el América. El historiador oficial d...

JUAN RULFO

Juan Rulfo, el prodigio literario que se consagró con sólo dos obras Con El llano en llamas y Pedro Páramo se convirtió en uno de los grandes escritores en lengua hispana del siglo XX. Su obra está en el terreno de los prodigios y de la pericia literaria: Hugo Gutiérrez Vega. Autor Secretaría de Cultura Fecha de publicación 06 de enero de 2015 Con sólo dos obras, el libro de cuentos El llano en llamas y la novela Pedro Páramo, Juan Rulfo se convirtió en uno de los grandes escritores en lengua hispana del siglo XX, que marcó un hito en la literatura mexicana, por lo que es uno de los autores nacionales más leídos en el país y el extranjero. Nacido el 16 de mayo de 1917 en Apulco, Jalisco, Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, mejor conocido como Juan Rulfo fue, según el poeta Hugo Gutiérrez Vega, un prodigio literario, creador de una prosa poética perfecta en la que utiliza el lenguaje del pueblo. A 29 años de su fallecimiento, ocurrido el 7 de enero de 1986, el también escritor ...